El clavo ardiendo del Bayern de Múnich fue, es y seguirá siendo Lewandowski. Inmerso en una de las mayores crisis que se recuerdan en el Allianz Arena debido a los antivacunas de la plantilla y la reciente derrota en Augsburgo, el polaco volvió a aparecer para encarrilar de chilena un gris triunfo por 1-2 bajo la nieve de Kiev que tuvo como premio el pase a los octavos de final como líder del grupo E. No hay vacuna contra Lewy.

Le da igual al astro que las líneas y el cuero sean blancos o rojos, como ayer debido a la nevada que cayó sobre el Olímpico de la capital ucraniana. Siempre cumple. Esta vez, tardó apenas un cuarto de hora en espantar a los fantasmas por medio de una descomunal tijereta que agranda su leyenda. Pudo empatar el choque el Dinamo tras los enésimos errores defensivos de la zaga bávara hasta que un derechazo de Coman aumentó la renta antes de pasar por vestuarios.

Respiraba Nagelsmann teniendo en cuenta que solo disponía de cuatro jugadores de campo en el banquillo ante la plaga de aislados (los antivacunas), positivos y lesionados. Tiró de Marc Roca, que jugaba su primer minuto de la temporada cuando Garmash recortó diferencias. El susto para los muniqueses habría podido ser mayor. Pudo empatar el Dinamo. Una vez más, tuvo que temblar un Bayern que sigue lejos de su mejor nivel.

Fuente: AS

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